El desierto de los agujeros negros: Una nueva pista para desvelar sus misterios | La Razón

Durante mucho tiempo los agujeros fueron tan solo un experimento mental. La ideación de una región del espacio tan densa que ni siquiera la luz pudiera escapar de su pozo gravitatorio. Con la teoría de la relatividad general de Einstein, estas bestias comenzaron a parecer posibles más allá de nuestra imaginación y con el tiempo se ganaron su vistoso nombre, acuñado por John Archibald Wheeler. Sin embargo, hubo que esperar hasta 1971 para que el Observatorio David Dunlap encontrara los primeros indicios sólidos de un agujero negro, concretamente en la constelación del Cisne.

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