Los pingüinos son los padres

Fotografía de la montaña Kirkjufell en Islandia
Fotografía de la montaña Kirkjufell en Islandia

Estamos en Islandia, en la isla de Eldey, año 1844. Quedan más de 100 años para Eurovisión y en estas tierras perdidas en medio del océano no ocurre gran cosa. Bueno, miento. Ante nosotros hay un pingüino respirando con dificultad. Cada bocanada le cuesta más que la anterior hasta que dejan de sucederse. Ha muerto el último pingüino del planeta.

Esta historia es real, los pingüinos se extinguieron hace más de 170 años en Islandia. Lo normal es que esto os haya sorprendido, pero una pequeña parte de vosotros se habrá fijado en un segundo dato. ¿Qué hacía un pingüino en el hemisferio norte? Hasta donde nos cuentan, estos animales viven solo del ecuador para abajo. La historia es cada vez más extraña y va siendo hora de empezar a ordenar las piezas.

El último pingüino

Alca gigante (Pinguinus impennis)
Alca gigante (Pinguinus impennis)

Barremos con la mirada el cadáver que tenemos ante nosotros. No se parece a un pingüino, de hecho, si lo es habrá pasado muchas penurias para tener ese aspecto. Lejos de ser regordete y mullido, nuestro misterioso pájaro parece algo famélico y larguirucho. Sus alas son cortas, pero están encogidas, no como los estirados remos de los supuestos pingüinos de hoy en día. En lugar de dos patas gruesas y rectas, las de este ejemplar son finas y se doblan hacia delante como si estuviera permanentemente sentado. Al final de su largo cuello destaca un gran pico, más parecido al de un tucán que al de los tradicionales pingüinos. Y sin embargo aquel enorme animal de 5 kilos es real, es el último pingüino, y descansa inerte frente a nosotros.

De nuevo en nuestro siglo, una búsqueda rápida en internet nos lleva hasta una fotografía de nuestro sospechoso disecado en pose regia. Bajo la foto encontramos su nombre: “Alca gigante (Pinguinus impennis)”. Al buscar más información descubrimos que pertenece a la familia Alcidae (alcas, araos y frailecillos) no a la Spheniscidae, aquella que alberga a las 17 especies de supuestos pingüinos que hay en nuestro siglo.

La confusión aumenta. Esto significa que nuestros sospechoso ni siquiera es pariente cercano de los pingüinos de nuestro siglo. Todo parecido es debido a la convergencia evolutiva. Dicho con otras palabras: cuando sometemos a dos especies a una misma presión evolutiva tienden a encontrar soluciones parecidas.

En este caso el alca gigante y nuestros pingüinos son pájaros adaptados al agua y en especial al buceo. Para ello hay cosas indiscutibles que la evolución tiene que resolver. Unas alas grandes serían un estorbo, igual que un plumaje demasiado vistoso, hay que apelmazarlo y volverlo impermeable. Sus patas han de volverse musculosas y sus dedos palmeados. Incluso su cola debe acortarse para hacerlo más hidrodinámico y hacer las veces de timón. Así es como dos animales no emparentados pueden desarrollar aspectos diferentes, como ocurre con las alas de murciélagos y pájaros.

Cormoranes mancones en las Islas Galápagos
Cormoranes mancones en las Islas Galápagos

De hecho, esto ha pasado más veces. El alca gigante no es la primera adaptación que las aves hacen al mundo subacuático. Un ejemplo actual es el caso del cormorán mancón, un ave no emparentada con ninguno de nuestros protagonistas y que, sin embargo, ha seguido un camino parecido, alejándose de sus verdaderos primos, los cormoranes moñudos.

¿Y quién es él?

El alca gigante no era un animal extraño. De hecho, sus enormes poblaciones se repartían por todas las costas de Groenlandia, Terranova y toda Europa (excepto el mar Báltico).

Los marinos escandinavos les llamaban “geirful” o “garefowl”, que significa “ave lanza”, por su largo pico y su forma de cortar el agua cuando nadaban a toda velocidad. Sin embargo, el nombre que triunfó fue el gaélico, que hacía referencia a su cabeza blanca: pen gwyn. Las piezas comienzan a encajar.

Alcas gigantes, pintura de Heinrich Harder.
Alcas gigantes, pintura de Heinrich Harder.

Estos mismos marinos tenían una relación peculiar con el alca gigante, no solo se dedicaban a ponerles nombres preciosos, también las cazaban con fruición. Existen restos arqueológicos que apuntan a que hace ya 100.000 años que nuestra especie y la suya se cruzaron con más fortuna para nosotros que para ellos. Aquí, en España, tenemos incluso pinturas rupestres de alcas gigantes que datan de hace 35.000 años.

Al parecer su carne no era lo que se dice una delicia, pero era comida fácil de conseguir. Digamos que las alcas gigantes no destacaban por su picaresca. De hecho, eran cazadas no solo por su carne, si no por sus plumas y grasa. La caza fue tan intensa que para el final de la edad media ya no quedaban ejemplares en la Europa continental.

Por suerte no todo eran malas noticias, al otro lado del océano Atlántico se encontraba una nueva oportunidad para hacerlo bien y proteger a una especie tan interesante. Sin embargo, sabemos como somos, y la realidad es que para el 1800 el alca gigante había desaparecido de toda Norte América a excepción de la pequeña isla de Funk, en la costa de Terranova.

Isla de Eldey, Islandia
Isla de Eldey, Islandia

Poco a poco las islas donde quedaban pingüinos fueron menguando. Aunque la caza fue el motivo principal, no fue el único. A este se sumaron otros problemas, siendo el más destacable el terremoto que hundió una de las tres últimas islas con alcas gigantes, la isla de
Geirfuglasker
. Esto empujó a las pocas aves supervivientes a nadar al pedazo de tierra más cercano, la isla de Eldey. El tiempo pasó y en cuestión de pocas décadas la edad había hecho el resto, la última alca gigante moría a nuestros pies.

Somos bobos

Antiguo grabado de un pingüino
Antiguo grabado de un pingüino

Muerta el alca gigante, tal vez deberíamos hacerle un poco de caso al otro contendiente por el nombre. ¿Cómo se llamaban antes nuestros pingüinos? Podríamos decir que, evidentemente, cada cultura llamó a sus pingüinos como le vino en gana, pero para entender esto tenemos que aparcar nuestro relativismo cultural y comprender que la respuesta a todo esto se basa en una historia justificadamente eurocentrista.

Siendo animales del hemisferio sur, los europeos tardamos bastante en descubrir a los primeros. Los primeros fueron supuestamente, los portugueses. Estaban buscando la ruta hacia las Indias en el siglo XV cuando se encontraron con unos cuantos pájaros extraños que eran tan elegantes en el agua como bobos fuera de ella. La leyenda dice que así fue como obtuvieron su primer nombre europeo: pássaro bobo.

Todavía se acepta llamar a los pingüinos «pájaros bobos», y como vemos, es un nombre más correcto. Así que, ahora que ya conocemos a los pingüinos de verdad y a los pájaros bobos la pregunta es evidente: ¿cómo ocurrió la confusión?

Linneo salve a la Reina

Nos hace falta un girito de guion. ¿Cuándo empezamos a llamar pingüinos a los pájaros bobos? La respuesta es más política que filológica. Los portugueses podían llamar a los pájaros bobos como quisieran durante el siglo XV, pero a comienzos del siglo XIX las cosas habían cambiado. El alca gigante estaba casi extinta y los países más influyentes del mundo naval eran los navegantes británicos.

Pintura de dos Alcas Gigantes
Pintura de dos Alcas Gigantes

Surcando los mares del sur, no tardaron en encontrarse con algunos pájaros bobos, y por desconocimiento, chovinismo o sencillamente falta de interés, reconocieron a aquellos pájaros como lo más parecido que tenían en sus tierras: un pingüino. Y bueno, si lo decían los británicos debía de ser verdad, en el fondo era un ave marina, de plumaje blanco y negro y porte altivo ¿qué marino estándar iba a pararse a clasificar taxonómicamente a aquel bicho? Parece un pingüino, se comporta como un pingüino, luego es un pingüino. Pronto les siguieron por pura inercia los norteamericanos, los holandeses, los escandinavos y todos los demás. El pingüino había resucitado, pero ya no era el mismo.

Ahora que conocemos la historia podemos volver a la Islandia del 1844. Allí sigue el pingüino vencido sobre la roca, pero esta vez reparamos en algo nuevo. De su pecho brota una espesa mancha de sangre. Levantas la vista y entonces lo ves, no estás solo, a tu lado hay un grupo de hombres armados. Uno de ellos tiene algo en su mano, un bulto de plumas blancas y negras de las que gotea un líquido rojo oscuro, un segundo pingüino. Porque la última pareja de alcas gigantes no murió de vieja en 1844.

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *