Lavoisier: El Padre de la Química | A Ciencia Cierta

Antoine-Laurent de Lavoisier fue uno de los personajes más completos de la historia de la ciencia. Sin embargo, no lo fue por ser moderadamente bueno en todo, sino por ser excepcional con aquello que se proponía. Su obsesión por la medida compite con la del científico más meticuloso de todos los tiempos, Henry Cavendish. Su interés por establecer clasificaciones sistemáticas puede compararse con la de Carlos Linneo, el responsable de la nomenclatura científica de las especies. Y más importante todavía: su filantropía llegaba a la altura de Dimitri Mendeléyev o Louis Pasteur. Dos mentes que se habían comprometido con la sociedad de su tiempo como no había hecho nadie en ciencia. Gracias a él empezamos a dejar atrás la alquimia para entrar en el mundo de la ciencia química, una aventura que revolucionaría cada disciplina del saber.

Retrato de los Antoine y Marie Lavoisier hecho por Jacques-Louis David como portada del episodio de A Ciencia Cierta: Lavoisier El Padre de la Química
Retrato de los Antoine y Marie Lavoisier hecho por Jacques-Louis David

Fue precisamente midiendo como descubrió que el agua no se transmutaba en tierra, como por aquel entonces se creía. El motivo de esos posos tras bullirla era muy distinto, más relacionado con la mala calidad del vidrio que con los elementos alquímicos.

Sus contribuciones fueron desde la creación de una nomenclatura; diseñó un sistema unificado para denominar a los compuestos, hasta la propia diferencia entre elementos y compuestos químicos. En pleno siglo XVIII descubrió las propiedades comburentes del oxígeno y su función biológica, incluso le dio nombre. Estudió cómo nuestro cuerpo cambia su consumo de este gas en función de lo requirente que sea la actividad que está realizando.

Por otro lado, Lavoisier nunca trabajó solo. Siempre estuvo de la mano de Marie-Anne Pierrette Paulze, otra de las mentes más remarcables de la historia de la ciencia. Sin sus contribuciones, el poco tiempo del que Antoine disponía no habría sido suficiente para llevar a cabo todos sus grandes descubrimientos. Sus ilustraciones, traducciones, correcciones de textos extranjeros y posiblemente muchas más cosas, nada habría sido lo mismo.

Por desgracia, el mejor francés de todos los tiempos fue guillotinado por su propio pueblo. Un final injusto en un tiempo convulso para un hombre cuyas aportaciones iluminaron la ciencia.

Un programa de Antonio Rivera (@meteolp)

Contertulios:

  • Daniel Torregrosa
  • Aida López
  • Ignacio Crespo

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