La verdad sobre los antibióticos | A Ciencia Cierta

Hablando sobre el bueno de Alexander: He aquí un hilo sobre sus venturas y desventuras.

La historia de los antibióticos comienza mucho antes de lo que solemos pensar. Ya en la folkmedicina típica de civilizaciones antiguas se consumían sustancias con propiedades bactericidas. Mohos productores de proto-antibióticos que, de forma más espiritual que científica, estaban presentes en culturas totalmente dispares.

Con el tiempo y la teoría microbiana de la enfermedad, la teoría miasmática pasó a ser parte del pasado, y pudimos señalar al enemigo: los microorganismos. Ahora que los teníamos localizados podíamos empezar a desarrollar armas contra ellos. Los primeros antibióticos no fueron el producto de una sola mente brillante o de un evento serendípico. Fueron el desenlace esperado de lo que muchos científicos habían profetizado: el uso de bacterias para luchar contra bacterias.

Desde aquel primer momento, los antibióticos se han multiplicado tanto que rivalizan en número con los Pokémon. Esta variedad, aunque motivada en parte por la búsqueda de beneficios económicos, responde a una verdadera necesidad sanitaria. Es esta diversidad la que nos permite combinarlos reduciendo sus efectos lesivos, o crear fármacos específicos para cada bacteria. Son la clave para las balas mágicas, como decía Erlich.

Cultivo de Penicillium rubens del Centro Internacional de Agricultura y Biociencias como portada del episodio de A Ciencia Cierta: La verdad sobre los antibióticos.
Cultivo de Penicillium rubens del Centro Internacional de Agricultura y Biociencias.

Sin embargo, se han normalizado tanto que han comenzado a usarse a la ligera. Los pacientes se automedican, los médicos los sobrerecetan y las industrias agroalimentarias han abusado de su uso durante largo tiempo. Por culpa de todo esto, la maravilla de los antibióticos podría llegar a su fin. Cada vez surgen más bacterias resistentes, superbichos imposibles eliminar con ningún antibiótico. Nos encaminamos al llamado mundo post-antibióticos. Sus consecuencias para la sanidad pueden ser catastróficas.

Quedarnos sin antibióticos supone decir adiós a la cirugía con todo lo que eso supone. Avanzamos hacia un mundo donde las infecciones más banales podrían poner en jaque nuestra vida. Y todo ello se acerca inexorablemente. De hecho, puede que sea incluso demasiado tarde para que podamos remediarlo. Ni siquiera las nuevas esperanzas son eternas esperanzas y estamos condenados a asfixiarlas como hemos hecho con los antibióticos. Al menos, así será si no reflexionamos y entendemos que todo depende del uso responsable.

Un programa de Antonio Rivera (@meteolp)

Contertulios:

  • Pau Mateo
  • Daniel Orts
  • Sergi Macias
  • Ignacio Crespo

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