La pseudociencia que mató al pangolín

Los chasquidos eran constantes. Parecía que no iban a terminar de caer nunca, sesenta kilos de escamas en una sola bolsa. Sonaban como la lluvia suena al repiquetear sobre el capó de los coches. En el contenedor todavía quedaban otros cincuenta sacos y sin embargo los vigilantes de aduanas no parecían demasiado sorprendidos.

Montaña de escamas de pangolín en Camerún (fotografía de Fidelis Pegue Manga de la WFF)
Montaña de escamas de pangolín (fotografía de Fidelis Pegue Manga de la WFF)

En sus caras podía verse el hastío de la rutina. Aquel no era el primer cargamento que incautaban en lo que iba de año. Muchos otros habían sido requisados a lo largo del mundo, dándole al dueño de las dichosas escamas el dudoso honor de ser el mamífero más traficado de todo el planeta; un animal que está desapareciendo por culpa de las pseudoterapias.

Estamos hablando del único mamífero con escamas y esa es una característica que juega en su contra. Un solo kilo de sus placas puede llegar a los 3000 dólares. Es mucho dinero y son muchísimas escamas, demasiadas como para hacerse una idea del verdadero tamaño de su propietario: apenas un metro de largo.

Algo que se enrolla

Pangolín arborícola (Manis tricuspis) fotografía de Jardín Botánico Nacional de Bélgica. Encaramado a una rama.
Pangolín arborícola (Manis tricuspis) fotografía de Jardín Botánico Nacional de Bélgica.

Pengguling es el nombre que le dieron los malayos por su habilidad para enrollarse formando una bola de escamas inexpugnable hasta para el leopardo más pintado. Nosotros le llamamos pangolín y aunque para un ojo no entrenado puede recordar a un armadillo, cualquier parecido es pura coincidencia. Ambos han encontrado la misma solución para protegerse de las fieras, una dura coraza de queratina. Sin embargo, no están emparentados, es pura convergencia evolutiva.

Existen ocho especies pertenecientes al género Manis, y todas están amenazadas. En Asia la población de pangolines ha perdido un 80% de sus ejemplares durante los últimos años. La escasez es tan evidente que los furtivos han decidido continuar su abominación en África, poniendo en riesgo a una más de sus especies. Pero, aunque la caza furtiva es sin duda la principal causa de su desaparición, no es la única.

Pangolín arborícola (Manis tricuspis) sacando la lengua
Pangolín arborícola (Manis tricuspis)

Quedan pocos lugares en el planeta cuyos hábitats no se hayan visto alterados por la presencia humana, y las selvas del sur de Asia no son una excepción. El pangolín se alimenta especialmente de hormigas y termitas, rompiendo las galerías con sus poderosas garras para después deshollinar sus túneles con una pegajosa lengua de hasta 40 centímetros, asomando desde lo más profundo de su abdomen. Una dieta que, ante su falta de dientes, se ve obligado a complementar con piedras para machacar el alimento. Por desgracia su sustento se está viendo amenazado por la deforestación y la industrialización del campo. La situación es compleja y la solución lenta. Con una sola cría en cada gestación, la recuperación de sus poblaciones promete tardar décadas, incluso habiendo acabado con la caza furtiva.

La paradoja del turista

El tráfico de escamas de pangolín no es tan sonado como el de colmillos de elefante o cuernos de rinoceronte; pero los números hablan por sí mismos. Actualmente se incautan unas veinte toneladas anuales; un número que se ha mostrado creciente a lo largo de los últimos años y que en 2019 ya ha superado las treinta toneladas en apenas dos meses.

Se calcula que cada año son capturados más de un millón de pangolines. Un dato enormemente alarmante si tenemos en cuenta que los cálculos más recientes apuntan a que quedan menos de 3 millones en libertad.

Quema de una partida confiscada de carne de pangolín confiscados (Indonesia)
Quema de una partida confiscada de carne de pangolín confiscados en Indonesia. (Fotografía de la SBS)

Puede que para el mercado europeo sea difícil de comprender cómo un animal así pueda tener tanta demanda, pero la perspectiva oriental es muy distinta. Para culturas como la china o la vietnamita la respuesta es evidente: El pangolín es considerado para ellos un manjar de lujo, pero sobre todo un tratamiento natural en la medicina tradicional china. Estudios recientes apuntan a que la pérdida de esta especie supondrá más pérdidas económicas en turismo de las puede proporcionar a largo plazo su tráfico; sin embargo, los beneficios de mañana no le importan demasiado a una sociedad que muere de hambre hoy.

El truco de Mao

La medicina tradicional china, o MTC, es una pseudoterapia. Esto es, una disciplina que promete ser eficaz como tratamiento de determinadas enfermedades, pero que sin embargo, no funciona. De hecho, la MTC desapareció casi por completo de oriente tras la introducción de la avalada medicina occidental, o como a mí me gusta llamarla: medicina.

Algunos remedios de la medicina tradicional china.
Algunos remedios de la medicina tradicional china.

Sin embargo, su base consistente en remedios “naturales” era óptima para los planes de Mao Zedong. A pesar de haber prometido una cobertura sanitaria para toda la población china, esta era una promesa imposible de cumplir. Demasiado caro, demasiado difícil llegar a cada pequeño rincón de un país como China. La solución se presentó como caída del cielo, si China era grande y poderosa, podía convencer a la población de que los milenarios conocimientos de la MTC eran, como poco, igual de buenos que la verdadera medicina. La pobreza y el totalitarismo remataron el trabajo en oriente, y el relativismo cultural y el posmodernismo galopante hicieron lo propio en occidente. Todavía hoy, y por desgracia, cerca de un cuarto de los médicos Chinos creen en los remedios basados en animales.

Sobrados estudios han demostrado que estas técnicas carecen de valor terapéutico, y que de hecho, en muchas ocasiones pueden ser perjudiciales para la salud. Con el pretexto de reequilibrar el yin y el yang o desbloquear el chi, la MTC recurre a plantas peligrosas, minerales, acupuntura y un sinfín de disciplinas que no han conseguido probar su validez. Sin embargo, esta pseudociencia tiene una cara B que es todavía peor. No solo pone en peligro la vida de los pacientes, si no que suponen una amenaza ecológica.

“Lo natural” vs. lo natural

No todo en la MTC son plantas, metales y agujas. Una buena parte de sus remedios consisten en animales, algunos de los cuales en estado vulnerable. Los furtivos han encontrado en esta demanda una necesidad a cubrir.

Fotografía de un mercado de medicina tradicional chino.
Fotografía de un mercado de medicina tradicional chino.

Serpientes, tortugas y otros animales comunes han comenzado a ser cazados con motivos pseudoterapéuticos a raíz del engaño de Mao; pero ellos son solo el grueso de una cacería indiscriminada.

El verdadero problema se encuentra en los remedios que precisan animales en peligro. Tal vez los ejemplos más conocidos sean los cuernos de rinoceronte o los huesos de tigre; que son usados para restablecer el vigor sexual. Sin embargo no son los únicos. Cuando los rinocerontes comenzaron a escasear, su cuerno se vio sustituido por el del antílope saiga. Desde 1990 su población ha pasado de más de un millón de ejemplares a tan solo 40.000. Hoy en día son tan raros y esquivos que el kilo de sus cuernos se paga a 5.000 dólares, y no parece que vaya a disminuir la demanda.

Según dice en el Bencao Gangmu, uno de los libros tradicionales de MTC, las escamas de pangolín son útiles para tratar enfermedades tan dispares como: la artritis, la epilepsia, los problemas de lactancia o incluso para la protección espiritual y la prosperidad profesional.

Sintetizando ecología

Por culpa de estas majaderías la MTC se ha vuelto el primer motor para la caza furtiva de muchas especies en riesgo. Con esto en mente, los gobiernos implicados han desarrollado políticas que buscan proteger a estos animales en riesgo y algunas farmacéuticas han tratado incluso de sintetizar los principios activos del hueso de tigre y de la bilis de oso evitando dañar a ningún animal en el proceso.

Oso en una granja de extracción de bilis, Vietnam. Foto del PETA.
Oso en una granja de extracción de bilis, Vietnam. Foto del PETA.

Por desgracia nada parece funcionar para poner freno a este mercado negro. Un comercio irracional que nos pone en peligro a nosotros y al planeta a más niveles de lo que toleraríamos a cualquier otro producto. Porque no todo vale, no todo es subjetivo y hay mentiras que pueden cambiar la historia de nuestro planeta para siempre.

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