Chernobyl, una ficción sanitaria

Era 3 de junio de 2019, aunque para más de un millón de personas volvía a ser 1986 en Ucrania. Con la mirada fija en televisores, teléfonos y ordenadores, sus corazones latían al ritmo de la historia. Las emociones acumuladas durante los fotogramas no tardaron en detonar en las redes. Tan pronto como el fundido en negro dio paso a los créditos, los dedos de los telespectadores comenzaron a teclear instintivamente. Había demasiadas cosas que decir, demasiadas emociones. La tormenta fue de loas a héroes caídos en Chernobyl y de admiración hacia los artistas que habían dado a luz a aquel fenómeno audiovisual; pero también había en ella bilis.

Comentarios agresivos hacia los monstruos retratados en la historia, hacia un sistema político ya muerto, sin embargo, entre tanta crítica justificada hubo otro tema que destacó, el miedo. Y no hablo del temor a gobiernos corruptos o a la desinformación, me refiero a un claro pavor por la energía nuclear.

Una ficción disfrazada con marketing

¿Acaso podemos culparles? Esos tuiteros asustados acababan de consumir el quinto capítulo de Chernobyl, una serie espectacular y rigurosa con la historia, la política y la ingeniería que la cosen. Sin embargo, algo enturbia esa “perfecta” gema de la pequeña pantalla. Parece que las reservas de rigor son limitadas y cuando se agotan se agotan. No dio para todo y la medicina se llevó la peor parte. Craig Mazin, el creador, nos ofrece una serie de sucesos médicamente delirantes que tienen más que ver con una superproducción postapocalíptica que con la realidad. Esto no debería de ser mayor problema tratándose de una ficción, si no fuera que los propios creadores se han enorgullecido hasta la saciedad del absoluto rigor de su retoño.

Chernobyl es maravillosa, primer aviso

Portada de la serie de HBO "Chernobyl"
Portada de la serie de HBO «Chernobyl»

Posiblemente algunos creáis que estoy siendo excesivamente duro, pero vayamos por partes. Antes que nada, quiero aclarar que soy uno de esos huérfanos de Juego de Tronos que se han aferrado con pasión a esta nueva serie que HBO nos ha ofrecido. Chernobyl me ha encantado y creo que sus creadores merecen un lugar en la historia de lo audiovisual, pero eso no quita que hayan cometido errores importantes. La serie tiene un gran valor, pero ante la desinformación que puede contener, creo que un artículo desenredando el entuerto puede ser interesante para que quien quiera separe ficción de realidad.

Que esté escuchando ahora mismo en bucle la banda sonora que Hildur Gudnadóttir compuso para la serie no quiere decir que todo me tenga que parecer maravilloso y prístino. Sobre todo, porque no se trata de detalles irrelevantes, si no de exageraciones y bulos que llegan incluso a malograr el verdadero mensaje de los creadores de la serie. En Chernobyl los malos no son los isótopos radiactivos, lo es un gobierno corrupto y opaco hasta la paranoia. Ese es el verdadero mensaje, pero cuando los efectos de la radiactividad se vuelven dignos de una película de zombis despertamos un miedo histórico a la palabra “nuclear” que vuela por los aires todo viso de racionalidad. El terror está servido y la crítica política pasa a un frío segundo plato.

Las cosas claras y el uranio enriquecido

Chernobyl narra una realidad, el accidente más grave ocurrido en la historia de las centrales nucleares. En él, una serie de temeridades gubernamentales y malas decisiones llevaron a la explosión de uno de los reactores de la central de Vladímir Ilich Lenin. El estallido dejó expuesto material radiactivo que se extendió prácticamente por toda Europa. A lo largo de los capítulos podemos ver cómo esa radiactividad afecta a los trabajadores de la central, los héroes que trataron de controlar la situación y la población general, concretamente los habitantes del Prípiat, el pueblo dormitorio de la central nuclear, situado a 3,5 Km de los reactores.

Reactor 4 de la central nuclear de Chernobyl
Reactor 4 de la central nuclear de Chernobyl

El envenenamiento agudo por radiación

Es cierto que todavía desconocemos mucho sobre los efectos de la radiactividad en el cuerpo humano. No sabemos si existe un nivel por debajo del cual el riesgo sea cero, o si por el contrario todo nivel de radiactividad, por bajo que sea, implica un riesgo. Sin embargo, hay cosas que sí sabemos. Se han descrito los efectos agudos de la radiactividad. Para valores superiores a los 400 mSv podemos ver consecuencias a corto plazo como algunas de las que nos muestran en la serie: mareos, vómitos, inflamación de la piel, etc.

Todo esto se produce principalmente porque las partículas radiactivas “rompen” las células que conforman tu cuerpo. Por ejemplo, al destruir las células de tu médula ósea se reduce la producción de glóbulos rojos y blancos, generando en consecuencia anemias e inmunodepresiones. Al destruir los enterocitos que recubren por dentro tu tubo digestivo, este absorberá peor los nutrientes, contribuyendo a la deshidratación del paciente, los vómitos y muchos otros síntomas. Estas lesiones se llaman “deterministas” porque son una consecuencia directamente predictible en función del nivel de radiactividad y el tiempo de exposición a ella.

Ese hombre no es Vasily Ignatenko

Todo esto son efectos que podemos ver en Chernobyl, el verdadero problema es la forma en que se presentan. Podríamos hablar de los vómitos ridículamente aparatosos o de cómo el simple contacto con la ropa de los liquidadores enrojece al instante la mano de una enfermera. Serían críticas legítimas sobre una realidad que fue lo bastante atroz como para que no necesite ninguna pizca de sal. En cualquier caso, trataré en concreto un tema mucho más sangrante, la caracterización final de Ignatenko, uno de los bomberos que acudieron en primer lugar sin saber a qué se exponía.

Fotograma de la muerte de Vasily Ignatenko en la serie "Chernobyl"
Fotograma de la muerte de Vasily Ignatenko en la serie «Chernobyl»

Vasily Ignatenko se expuso a unos niveles de radiactividad verdaderamente altos y sin ningún tipo de protección especial, esto desencadenó la dermatitis por radiactividad que nos muestran al principio de su hospitalización, pero a medida que avanza la serie su aspecto empeora muy por encima de las lesiones esperables. No hablamos de una ligera exageración hablamos de una dolorosa caricatura de la ya de por sí terrible realidad. En su última escena, en la que su mujer le revela estar embarazada, Vasily está completamente cubierto de erosiones que exponen directamente sus músculos. Se trata de una escena que busca impactar, lo cual es bueno y hasta necesario cuando tratamos de concienciar sobre una catástrofe así, pero su frontera está en la realidad, esta exageración la cruza buscando algo distinto y por desgracia lo consigue.

Rizando el rizo

Olvidemos por un momento a Vasily. En la misma sala está su mujer Lyudmilla y su hijo no nato. Lyudmilla no podía dejar solo a su marido y según nos cuenta la serie se saltó los controles de seguridad y las advertencias con tan de poder acompañarle durante sus últimos días. Tras la muerte de Vasily ella da a luz y su hija, Natasha, muere en cuatro horas por cirrosis y problemas congénitos. Según la serie, se debe a que el feto había absorbido toda la radiactividad que, en principio, tendría que haber matado a Lyudmilla.

Lyudmilla Ignatenko y la actriz que la encarna en Chernobyl, Jessie Buckley
Lyudmilla Ignatenko (izquierda) y la actriz que la encarna en Chernobyl, Jessie Buckley (derecha)

Este concepto médicamente absurdo puede ser reflejo de la ignorancia de la época, de hecho, consta en el libro de Voces de Chernóbil, de Svetana Aleksievich puesto en boca de la misma Lyudmilla.

“Yo la he matado… Por mi culpa… Ella, en cambio… Ella me ha salvado…. Mi niña me salvó. Recibió todo el impacto radioactivo, se convirtió como si dijéramos en el receptor de todo el impacto… Tan pequeñita… Una bolita…”

Lyudmilla Ignatenko en Voces de Chernóbil, de Svetana Aleksievich

Sin embargo, no se sabe de dónde surgió esa interpretación, pudiendo haber sido perfectamente una narrativa construida por ella, culpándose por la muerte de su hija. Se trata de un testimonio desgarrador pero conflictivo y muy poco claro como para trasladar de una madre desgarrada a una autoridad científica. El problema es que aquí se pone en boca de la física nuclear Ulana Khomyuk, un personaje ficticio creado para simbolizar a todos los científicos implicados en la contención del desastre

Vasily no era un reactor nuclear

El problema aquí no es solo que digan la barbaridad de que el feto ha absorbido la radiactividad destinada a la madre, si no que va mucho más allá. Una persona sometida a radiactividad no se vuelve radiactiva a no ser que estemos en un cómic. Es importante deshacerse de la ropa que llevaba durante la exposición y lavarle la piel y el pelo en profundidad para eliminar las partículas radiactivas que pudieran haberse depositado, pero una vez hecho esto la persona no supone un peligro para terceros. Si bien es cierto que no se tenía del todo claro en el momento del accidente, la forma en que nos cuentan la historia muestra cómo este estigma se filtra más allá de la percepción de los personajes.

De hecho, este mito está presente incluso entre los médicos. Muchos creen que tras hacer un escáner o una placa de rayos no es conveniente que el paciente se acerque a niños o embarazadas, pero nada más lejos de la realidad. La prohibición de tocar a un enfermo con lesiones como las de Ignatenko es para protegerle a él de las infecciones, no a ti de la radiactividad. En otras palabras, Vasily no fue culpable de la muerte de Natasha.

Jessie Buckley como Lyudmilla Ignatenko en la serie de HBO Chernobyl
Jessie Buckley como Lyudmilla Ignatenko en la serie de HBO Chernobyl

Sin embargo, la invención continúa, no podemos estar seguros de que la muerte de Natasha debida a la radiación, de hecho, no se detectó un aumento de los abortos ni de las malformaciones congénitas durante los años siguientes al accidente. Esto no quiere decir que no los hubiera, tan solo que carecemos de pruebas para establecer relaciones tan meridianamente claras.

Reescribiendo la historia

Enumerar todos los pequeños errores sería imposible, sobre todo porque muchos podrían ser justificados achacándolos a que no son errores de guion si no reflejo de la ignorancia de los personajes, sin embargo, hay una parte que no puede salvarse.

Al final del último capítulo se suceden una serie de imágenes acompañadas de texto y en ellas hay más ficción que durante todo el resto de metraje. Entre ellas se afirman cosas como que la muerte de Anatoli Diátlov, el ingeniero en jefe adjunto de la central de Chernobyl, fue causada por la radiactividad, cuando realmente se debió a una insuficiencia cardiaca. Esta, a su vez, puede verse producida por altos niveles de radiación, pero son solo uno de los muchos factores que pueden desencadenarla. De hecho, se trata de una enfermedad bastante frecuente, por lo que establecer una relación con tanta seguridad resulta muy aventurado.

El puente de la muerte en Chernobyl, (Fotografía de "Arwen" en Pinterest)
El puente de la muerte en Chernobyl, (Fotografía de «Arwen» en Pinterest)

En otra de las imágenes aparece el puente desde el que los habitantes de Prípiat vieron arder la central. A sus pies un texto reza que es llamado el puente de la muerte porque ninguno de ellos sobrevivió. En este caso estamos frente a un descarado bulo, sencillamente no es cierto.

Pero posiblemente la afirmación más alarmante de todas sea que hubo, tras el accidente, un pico de cánceres en Ucrania y Bielorusia. Lo cierto es que esto no está claro. La radiactividad a la que estuvo sometida la población general de estos dos países fue poco superior a la que nos rodea normalmente. En todo caso, sí es cierto que sí que existió un aumento de los casos de cáncer de tiroides, pero no de otros cánceres (a excepción de en liquidadores y otros indivíduos más directamente relacionados con el accidente). Del mismo modo solo se ha detectado un ligero aumento de leucemias en Ucrania que puede ser debido a la mejora del control diagnóstico a tenor de las medias tomadas por el accidente.

Una lotería llamada estocástica

Esas enfermedades son llamadas “efectos estocásticos” pues no pueden ser predichas de forma directa en función de la radiactividad a la que se ha sometido un individuo. Las predicciones se vuelven probabilísticas y por lo tanto más complicadas de estudiar. Sumando a esto la opacidad de la Unión Soviética y la gran cantidad de factores de confusión producidos por un suceso de esta escala, se vuelve tremendamente difícil establecer una causalidad clara.

Dando la espalda al lobo

Ningún espectador tiene la obligación de contrastar datos o de conocer en detalle el impacto que tuvo el accidente de Chernobyl. Teniendo eso en cuenta, es completamente razonable que este tipo de exageraciones médicas estimulen el miedo a la energía nuclear, desviando el foco de los verdaderos lobos de esta historia. En esta historia se deja claro que, en realidad, este accidente no es representativo de la historia de la energía nuclear. No ocurrió en una central en óptimas condiciones con personal cualificado y protocolos de seguridad transparentes. Ocurrió en la Unión Soviética, no en las centrales occidentales y mucho menos en las centrales de nuestro siglo, todas ellas mucho más seguras.

Más nucleares, pero más baratas

Las centrales nucleares de la Unión Soviética eran inestables incluso para su época. Los costes de producción de los reactores se habían minimizado a cambio de bajar la calidad de los materiales y de reducir de medidas de seguridad. Por si esto fuera poco, su potencia había sido aumentada con la intención de que las nucleares llegaran a aportar un 40% del mix energético de la URSS antes de finalizar los ochenta, costando esto una mayor inestabilidad de los nuevos modelos de reactores. Chernobyl fue una de las afectadas por esta política.

Por otro lado, sus operarios no estaban correctamente formados y el oscurantismo del régimen les dificultaba aprender de la experiencia de otros operadores en otras centrales, básicamente trabajaban a ciegas. Poniendo las cartas sobre la mesa, estamos hablando de un gobierno tan obsesionado con la humillación que apostó (como tantas otras veces) por ocultar la gravedad de la situación aun cuando estaba poniendo vidas en riesgo, retrasando así 36 horas la evacuación de Prípiat.

Fotografía de la ciudad fantasma de Prípiat
Fotografía de la ciudad fantasma de Prípiat

Una gota más

Solo supimos realmente lo que realmente había ocurrido en Chernobyl tras la disolución de Unión Soviética. Con la caída del régimen se levantó el velo que ocultaba la verdadera naturaleza de eventos atroces como la catástrofe de Nedelin durante la carrera espacial, el accidente de Kyshtym y tantas otras negligencias gubernamentales. Y sí, por supuesto que todos los gobiernos tienen sus trapos sucios y sus atrocidades ocultas, pero no todos se han revelado igual de turbios.

Nos referimos a un gobierno que había enviado a gulags a investigadores de “ciencias burguesaslo cual incluía pseudociencias como el psicoanálisis, pero también ciencias de bandera como la genética y la cibernética. Medidas basadas en que tales disciplinas contradecían el dogma central del materialismo dialéctico, el corazón filosófico de la URSS. Todo indicio contrario a los dogmas del régimen tenía que ser falso, no importaba que estuvieran viendo la central en llamas, un reactor RBMK no podía explotar, sencillamente era imposible porque eso decía la madre patria. Hablamos de líderes totalitarios con conductas repetidamente temerarias que anteponían los resultados a la seguridad de sus trabajadores.

Reactor RBMK de la central hermana de Ignanlina, Lituania
Reactor RBMK de la central hermana de Ignanlina, Lituania

Crónica de una catástrofe anunciada

Este era el verdadero tema de Chernobyl, los hombres de trapo, los silencios pactados, las verdades a medias, la oscuridad informativa, la absoluta vigilancia del estado. Explicar los motivos concretos por los que falló el reactor no es el objetivo de este artículo y no profundizaré en ello, pero sí insistiré en que en estas condiciones políticas el accidente y su pésima gestión posterior eran más que predecibles.

Porque si bien el envenenamiento agudo por radiación, las cataratas, el cáncer de tiroides y otras enfermedades son culpa del accidente, también lo son los daños psicológicos producidos en las familias afectadas. Personas a las que se mantuvo en la ignorancia administrando con cuentagotas información edulcorada. Las víctimas del accidente han sido confundidas con las víctimas de la radiactividad, pero no son lo mismo, el accidente de Chernobyl tuvo tanto de político como de atómico y el estrés en el que todavía hoy viven los afectados es tan grave como cualquier otra consecuencia médica.

Referencias:

19 comentarios

  1. Este accidente sin duda fue y es catastrofico para la humanidad. Muy cierto que la gran culpa esta detras del oscurantismo sovietico y que mucho de lo que se relata no es cierto e infunde temor por decir lo menos.
    Sin embargo, tenemos muchas otras catastrofes, no nucleares que han sido devastadoras.

    En agosto de 1975 el derrumbe de la presa de Banqiao, en el área central de China, por las lluvias torrenciales que dejó a su paso el tifón Nina, supuso la mayor catástrofe de la historia en accidentes de este tipo. El suceso fue ocultado al mundo durante las dos décadas posteriores.

    Más de 26.000 personas fallecieron de forma directa por la avenida provocada por el colapso de la presa y, según diversas estimaciones, entre 165.000 y 200.000 más morirían de hambre y enfermedades en los meses posteriores. Hasta 11 millones de personas se vieron afectadas y cerca de 6 millones de casas quedaron destruidas o seriamente dañadas.

    2 de diciembre de 1984, el desastre de Bhopal en India, más de 500.000 personas resultaron envenenadas con isocianato de metilo. Varios miles murieron.

    Casi 30 años después, Lakshmi es una de los miles de sobrevivientes que sufren problemas crónicos de salud y se enfrentan a facturas médicas devastadoras.

    En fin, no deseo ahondar en estas tragedias y es bueno saber que peligros hay hasta para salir a la calle y que la mayoria de los accidentes, se deben a fallas HUMANAS ….

  2. Nuestro gobierno actuó de manera parecida con el Prestige. Acuérdense de aquellos hilitos de plastilina y el barco llevándolo de un lado a otro. Tenemos casos graves como el aceite de colza contaminado, causante de mucho sufrimientos y muertes. Ya nadie habla de este terrible suceso de principios de los 80.

    1. Habiendo sido terrible lo del prestige, no es comparable en absoluto, el que el barco viniera por un corredor que no le correspondía sin doble casco y siendo una ruina, no es responsabilidad del gobierno de España, la decisión de alejarlo de la ria un acierto con el temporal tan brutal que había, ya hemos tenido muchas mareas negras y lo peor es que quede en la ria, eso si que sería un desastre que ecológico brutal (ver urquiola), que tarda décadas en paliarse. Las alternativas eran peores. No hubo daños a personas mientras que lo de la colza fue a sabiendas ocultando lo que estaba pasando, y todos los afectados enfermos de por vida

  3. (solo se expresa mi punto de vista)
    De la medicina Atómica nace en 1952 la medicina Nuclear, en los 80 se desarrolla el PET (ciclotron) y el Consejo de Seguridad Nuclear, en los 90 y 00 se inicia en España su puesta en práctica.
    Aún hoy en día, a parte de radiofarmacos y sus efectos a nivel molecular, poco más se sabe. ¡Qué ya es mucho! .
    Una exposición a altas dosis de radioactividad y durante qué tiempo, solo se sabe por ese tipo de accidentes como Chernobil. Y, si tal y como fue, la política y la nomenklatura no ayudó a saber más (como pasa siempre), nos quedamos a dos velas, en otras palabras, nos damos a la especulación.
    Tanto la especulación por arriba como la de por abajo son ficción (no experimentales).
    Sólo decir que se implante un chip marcador Geiger a cada individuo y dentro de… 85? años, se estudien y correlacionen sus efectos médicos, creo que así estaríamos en disposición de comparar diferentes épocas y patologías debidas a la radioactividad (con «o» o sin «o»), mientras tanto toda explicación médica rigurosa y concluyente sobre ello es falaz.
    Un comprometido y excelente post de sdestendhal.com

  4. Me ha gustado mucho tu entrada y comparto la pasión por la serie, pero creo que es desacertada en algunos puntos médicos. Dividámoslos en dos partes:
    – Por un lado, nuestro conocimiento médico acerca de la patología por radiación era muy muy limitado hasta Chernobyl, teniendo tan sólo casos experimentales muy puntuales (como el propio caso del Marie Curie), y a nivel poblacional contábamos con un poco más de información tras Hiroshima y Nagasaki. En la serie, cuando el personaje de Legasov relata las horrorosas consecuencias poblacionales e individuales (cientos de millones de casos de cánceres por toda Europa, la muerte instantánea de los tres buzos, etc…) narra lo que entonces “creían” que pasaría (y me parece un gran acierto transmitir la visión del momento). Afortunadamente, muchos de hechos temores se demostraron infundados. Pero insisto, era debido al escaso conocimiento que se tenía entonces (ni había experiencia suficiente en la literatura médica, ni por supuesto se podía experimentar con ello para extraer conclusiones).
    – En segundo lugar está la representación del síndrome agudo postexposición a radiación. La representación es bastante fiel a la realidad. Hay una fase hiperaguda (eritema, quemaduras, naúseas, vómitos, el sabor metálico…), un periodo de latencia, y una fase posterior. En esta fase predominan dos puntos, la edematización general de los tejidos por reacción inflamatoria ante la destrucción tisular (de hecho, sí es realista la representación de Vasily Ignatenko, y lo que se muestra bajo las úlceras de la piel es el propio tejido subcutáneo) Y/O la aplasia medular, que puede llevar a la muerte por anemia o inmunodepresión.

    He escrito Y/O porque como bien has explicado en tu entrada, hay dos tipos de efectos de la radiación: los efectos deterministas (se dan sí o sí, como las quemaduras) y los estocásticos, que dependen del azar (como por ejemplo los tumores). Un expuesto no tiene por qué desarrollar estas consecuencias, si la dosis no es tan brutal, puede librarse (de hecho, ni la mitad de los mineros que muestra la serie desarrollaron cáncer… aunque ciertamente es un porcentaje alto…).

    Con respecto a la incidencia de cáncer en la población posterior, el ocultismo de la administración de entonces nos impide saberlo con certeza, salvo en el caso de tiroides, que está bien documentado. Tampoco podemos saber los efectos sobre embrazadas y fetos del accidente porque esa información nunca se proporcionó, así que lo que sabemos los médicos viene de “testimonios” y “casos individuales”, que no es la fuente de mayor evidencia… pero es la única que tenemos.

    Perdón, un último apunte. No debemos confundir una prueba “radiológica” como un TAC de Tórax con una “nuclear”, como una gammagrafía en la que te inyectan un radioisótopo. En estos casos el paciente sí debe tener ciertas precauciones (aunque las dosis son muy muy pequeñas y poco peligrosas). Lo que quiero decir es que la ropa de los bomberos sí era radioactiva, y peligroso tocarla. Los niveles de radiación a los que estuvieron expuestos fueron inimaginables. Con respecto al “puente de la muerte”, eso no tengo ni idea.

    En lo que desde luego llevas razón es que en cualquier caso la incidencia de cáncer no sería tan brutal como la esperada aquellos días. Y que esta serie no debe ser un argumento contra la energia nuclear, sino contra la incompetencia y corrupción de las adminsitraciones.

  5. Porque entonces se enterraron en ataúdes de plomo? Y marié curie no fue enterrada también en uno de plomo? Si es que el cuerpo no absorbe radiación y luego lo expulsa, porque la ropa y otros materiales si?

    1. Hola, Gabriela. Tal vez no me haya expresado del todo bien en el artículo. No es que el cuerpo no absorba la radiación, por supuesto que lo hace, lo que pasa es que absorber radiación no te convierte en una fuente de radiación del mismo modo que tomar el Sol no te convierte en una bombilla. Lo que el cuerpo sí hace es integrar en la estructura de algunos de sus órganos átomos que capta del exterior y que pueden ser radiactivos, vamos, que esos átomos sí que emiten radiación. Principalmente serían isótopos del iodo y del cesio. La clave está en que la cantidad de isótopos radiactivos que un cuerpo humano absorbe en esas condiciones puede ser alta, pero empiezan a estabilizarse, a dejar de ser radiactivos, relativamente pronto. Es lo que se llama tener una semivida baja. Así que, sí que es cierto que un cuerpo humano puede convertirse en una pequeña fuente de radiación bajo la exposición a átomos inestables, pero la clave aquí está en que, posiblemente, el entorno de Prípiat y Chernóbil era mucho más radiactivo de lo que era Vasily.
      En cuanto a los ataudes de plomo, principalmente se debe al desconocimiento de la época y a medidas aplicadas según el principio de precaución, que viene a decir algo así como «ante la duda mejor nos andamos con cuidado».
      La ropa al estar compuesta por fibras se ensucia en seguida y extraer del tejido la contaminación es mucho más difícil que quitarla de la superficie de tu piel, por lo que lo más adecuado y rápido era quemarla y enterrarla.
      Espero haber respondido a tu pregunta. Y gracias por leerme.

  6. Muy interesante el artículo. Basado en la sección de que el cuerpo no se convierte en un reactor nuclear, le pregunto por qué envuelven los cadáveres en bolsas de plástico para luego meterlos en ataúdes metálicos para finalmente enterrarlos bajo concreto , que también es descrito en el libro «Voces de Chernóbil» . Saludos.

    1. Me alegra que te haya parecido interesante. Lo que cuentan en «Voces de Chernóbil» sobre cómo trataban a los cadáveres es correcto, como dices, pero se debe sobre todo a la aplicación del principio de precaución. Por aquel entonces la experiencia con accidentes nucleares era muy baja y la medicina sabía relativamente poco sobre los efectos reales que tenía la radiación en el cuerpo humano. Los expertos no estaban seguros de cuántas medidas de seguridad serían necesarias, así que ante la duda en algunos aspectos se fue extremadamente precavido con medidas que hoy sabemos que son en cierto modo innecesarias. Es cierto que el cuerpo humano puede integrar átomos radiactivos en él que nos conviertan en fuentes de radiación, la clave está en que estos átomos, principalmente de cesio y iodo, se estabilizan relativamente pronto y se acumulan en cantidades bajas comparadas con los niveles de radiactividad que había en la periferia de la central nuclear.
      Espero haber respondido a tu pregunta. Gracias por leerme.

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