Apolo 11 | A Ciencia Cierta

Noticias de última hora: La humanidad puso el pie en la Luna el 21 de julio de 1969. Puede que no te parezca una noticia tan remarcable, pero eso solo significa que perteneces al selecto club de gente que no se calza cada mañana un gorro de papel de plata en la cabeza. Ni bandera, ni estrellas, ni «C» en la piedra. Todos esos chismorreos han sido desmentidos una y otra vez, y sinceramente: qué pereza. Tanta conspiranoia ha secuestrado el tema «Apolo 11» y ha hecho perder frescura a uno de los eventos más espectaculares de nuestra historia.

Mapa de la orografía lunar hecho en 1842 como portada del capítulo de A Ciencia Cierta: Apolo 11
Mapa de la orografía lunar hecho en 1842

Todo empezó unos cuantos años antes durante otro de los eventos clave del siglo XX, aunque por motivos mucho menos agradables. Tras las segunda guerra mundial las dos mayores potencias del planeta se enfrentaron en una carrera tecnológica que ocultaba intenciones menos puras. Tras cada lanzamiento soviético, tras cada avance estadounidense se ocultaba una amenaza tácita. Poder poner un objeto en órbita significaba tener el potencial para alcanzar cualquier objetivo con una cabeza nuclear. No era un peligro cualquiera; de hecho, es el mejor incentivo imaginable para espolear el desarrollo tecnológico: el miedo.

Con estas intenciones, y estando perdiendo la carrera espacial, los EEUU deciden marcarse un all in en toda regla. Kennedy prometió un hombre en la Luna y en 1969 lo cumplió Nixon no con uno, sino con dos. Armstrong y Aldrin estaban pisando el regolito lunar con el que tanto habían soñado las civilizaciones que nos precedieron. No era queso, pero según contaron ellos, olía a pólvora, cosas de viajar a otro mundo.

¿Cómo llegamos hasta allí? Desde luego, no fue con un cañón gigante, pero la idea escondida tras el Saturno V no dejaba de resonar con estas ensoñaciones de la ciencia ficción. Un cohete por etapas con más combustible que estructura, una bomba contenida entre tabiques de metal. Cuando se trata de enviar cosas a otro mundo cada gramo sobra. Hasta la última pieza de los módulos estaba calibrada al milímetro, una máquina perfecta para unos pilotos excepcionales. Todo tenía que ser perfecto, EEUU se jugaba demasiado en una apuesta arriesgada, una apuesta que por suerte ganó.

Puede que el Apolo 11 naciera como un pulso político, pero fue el culmen de uno de los periodos más fructíferos para la ciencia. La tecnología creada para el proyecto se penetró en cada aspecto del mundo que nos rodea. Los misterios de nuestro satélite se estaban empezando a revelar y la humanidad no volvería a mirar al cielo del mismo modo.

Un programa de Antonio Rivera (@meteolp)

Contertulios:

  • Eduardo García
  • Eugenio Fernández
  • Luis Rivas
  • Ignacio Crespo

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