¿A qué sabe la música? | Tres Pies al Gato

Casi parece un milagro que nuestro cerebro sea capaz de apañarse en un mundo tan complejo como en el que vivimos. Y no estoy hablando sobre las hipotecas a plazo fijo o cómo piratear Photoshop. Hablamos de enfrentarnos a los misterios que nos rodean. Haber descubierto cómo giran los planetas al rededor del Sol, cómo hemos fabricado aceleradores de partículas para estudiar el origen del universo, o incluso que pretendamos estudiar nuestro propio cerebro en una recursión un tanto poética. Y la pregunta de la que tiramos para contaros todo esto es: ¿A qué sabe la música?

Porque sí, la música puede saber a algo. Se llama sinestesia, y no se restringe solo a relacionar el sonido con el sabor. Cualquier sentido puede verse activado por otro. El morado puede sonar como un re y el tacto de la madera oler a amoniaco.

La realidad es que el cerebro de los sinestetas no hace nada extremadamente raro. De hecho, todos somos en cierto modo sinestetas.

Nuestro cableado neuronal tira puentes entre zonas muy distintas de nuestra corteza. El área visual conectada por sinapsis con la auditiva, o todo lo contrario, la auditiva con la visual. De hecho estas conexiones tan raras son la norma durante algunos periodos de nuestro desarrollo embrionario. Sin embargo, en la mayoría de cerebros muchas de estas conexionas van siendo… podadas. Y no nos estamos inventando el nombre, se llama así: poda neuronal.

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